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CAJA DUERO YA NO ESTÁ EN MI MANO
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Allá por el mes de noviembre pasado, una vez que Caja Duero y Caja España decidieron seguir adelante con su proyecto de fusión del que se apeó Caja Burgos, un grupo de personas decidimos formar una Plataforma en defensa de la permanencia de la sede y los servicios centrales de la nueva caja en la ciudad de Salamanca. La idea era muy simple: hacer ver a la sociedad salmantina la necesidad de movilizarse para que una institución con raíces centenarias, generadora de numerosos empleos, y con una actividad cultural y social de primera magnitud, no cambiara de aires hacia otras tierras.
Nuestro mayor activo siempre fue el entusiasmo en demostrar a todos que Salamanca debía tener el principal protagonismo en este proceso, por una serie de razones que argumentábamos en nuestro decálogo. Ninguno de nosotros somos estrategas en el manejo de las masas, por lo que nuestras convocatorias públicas han tenido una respuesta limitada, posiblemente por nuestra inexperiencia en estas lides.
La sociedad civil no es consciente de la fuerza que tiene manifestar públicamente su opinión, así como del pavor que genera en las organizaciones políticas tradicionales el que la gente se salga de la senda marcada por ellos. Nosotros hemos sentido estos meses los intentos por desactivar nuestra modesta influencia presentándonos como “cuatro chalados” carcas y retrógrados. Nada más lejos de la realidad, cuando precisamente reivindicábamos el progreso de la nueva entidad y por ende, de nuestro entorno más cercano.
Finalmente, el sábado 5 de junio nuestros representantes han decidido en Asamblea la disolución de la Caja en una nueva criatura con el atractivo nombre de Caja España de Inversiones, Salamanca y Soria, Caja de Ahorros y Monte de Piedad. Suponemos que todos los consejeros generales han votado libremente y en conciencia, en ningún caso forzados por las organizaciones a las que pertenecen, una vez estudiados todos los documentos justificantes de la fusión, convencidos además de que los capitanes para llevar el barco a buen puerto son aquellos que ya han pilotado la nave con el éxito que conocemos en estos últimos años. Caja Duero estuvo el sábado en su mano… y este nombre comercial dentro de poco no volverá a utilizarse jamás.
Nuestra caja no ha sido tratada como se hubiera merecido si se hubieran aplicado criterios estrictamente económicos. Ha habido demasiadas interferencias de los poderes políticos alrededor de este proceso, que quedan simbolizados en la estrambótica presentación de iguales resultados a diciembre de 2009, o en la oportuna aparición del consejero Villanueva para salvar in extremis la fusión en Tordesillas.
Ahora que Caja Duero ya no está en la mano de los salmantinos, estos cuatro chalados sabemos que al menos hemos intentado hacer ver que era posible otro resultado que el finalmente obtenido. Nosotros no nos opusimos a la fusión, como se puede observar en nuestros documentos, sino a esta fusión en las condiciones con las finalmente se ha llevado a cabo.
Agradecemos a las cerca de 5000 personas que con su firma nos han apoyado, a los amigos y conocidos que nos han dado su aliento, aunque también lamentamos que la ciudadanía no haya dado un paso más para haberse mostrado públicamente.
Comienza ahora una nueva singladura que tendrá su transcendencia en primer lugar, en el entramado económico de Salamanca, y en segundo lugar, en los trabajadores de Caja Duero y Caja España, que habrán de realizar grandes esfuerzos para unificar sus culturas financieras. Una fusión no se remata con la firma de las nuevas escrituras, sino que ahora empieza un largo camino donde serán fundamentales la motivación de las plantillas y la paz laboral.
Nada nos gustaría más a estos cuatro chalados que habernos equivocado y que todo este largo proceso sea positivo para la ciudad, para la nueva entidad y para sus trabajadores. Si es así, estaremos felices de nuestro error y de que nuestros representantes en el gobierno de la Caja hayan sabido llevarla al buen camino. Por el bien de todos, así lo esperamos.
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